lunes, 30 de marzo de 2015

A propósito de Germanwings: humanizar la profesión

Acabo de escuchar en el telediario que el alcalde del Le Vernet, el pequeño pueblo donde se estrelló el avión de Germanwings, está acostumbrado a firmar de 2 a 5 defunciones al año y ahora tendrá que firmar 150. También me he percatado de que el copiloto ya no es presunto, no al menos para antena 3.

El caso es que me he parado a pensar en el tratamiento informativo que se le ha dado a la noticia los últimos días. No voy a detenerme en poner ejemplos de algo que eldiario.es ha sabido plasmar tan bien en una imagen. Quiero ir a lo positivo.

Y aplaudir a los periodistas y a los ciudadanos que miran más allá. A este tuit de Xavier Aldekoa, llamamiento a la prudencia incumplido a menudo por la prensa. A este artículo de Antonio Maestre, clave para entender qué estamos haciendo con esto del periodismo y reflexionar sobre qué queremos hacer. A reflexiones tan acertadas como ésta y a consejos tan buenos como éste. A este comandante que, en un gesto de empatía y consciente de la situación, quiso que los pasajeros comprendieran "que en la cabina también hay una persona". A los vecinos y a todos aquellos que procuran aportar su granito de arena. A los que se detienen en pensar en lo duro que deben de ser estos momentos para los equipos de rescate, a los que aplauden la valentía de estos señores y de estas señoras. Imagino el sufrimiento de los familiares, pero también imagino qué se debe de sentir al enfrentarse a esas imágenes.

Lo bueno es que seguro que existen muchos más artículos con los que podría ejemplificar esta pequeña reflexión; lo malo es que creo que me resultaría mucho más fácil encontrar publicaciones que evidencien las malas praxis periodísticas. La mayor crisis del periodismo no es la económica, ni la del papel. Es la de la dignidad. Y la dignidad es una cuestión personal.

Luchemos por hacer bien las cosas. Reflexionemos: hay más en juego de lo que parece.

martes, 9 de diciembre de 2014

Escribir y compartir

Ya lo sé, tenía el blog abandonado. No acostumbro a escribir. No es una cuestión de constancia, me considero bastante constante. Es una cuestión de inspiración, pero sobe todo de reservas. Me cuesta escribir, pero más me cuesta compartir lo que escribo.

Y a eso venía. Últimamente me pasa mucho: "¿Escribes? ¡Pásame algún relato!". No. Y el motivo no es que sea muy exigente conmigo misma (que lo soy), sino que considero que en cada texto dejo una parte de mí. Y no me gusta compartirme. O temo hacerlo, no lo tengo muy claro.  

Os preguntaréis que si no me gusta que me lean cómo es que quiero ser periodista. Tengo respuesta para eso: una cosa es que lean algo que he escrito yo pero que no he "creado" yo; otra cosa es que lean algo íntimo, algo que ha salido de mí y no de la realidad. Es difícil explicarlo. El periodismo es contar historias; pero es contar historias de otros, no la propia. Hablar sobre otros, no sobre ti.

No voy a extenderme mucho en esta entrada. Además, he encontrado un grupo (muy reducido) en el que sí soy capaz de mostrar lo que escribo, así que ya no soy tan drástica. Pero sigo prefiriendo escribir sobre el resto. Hay algo que me fascina, y es que en menos de cuatro años he descubierto historias maravillosas, he conocido a gente extraordinaria. Y todo ello gracias al periodismo: ¿cómo voy a quejarme cuando me mandan hacer una entrevista o un reportaje? ¡La cantidad de cosas que he aprendido! Y no sólo eso: es mi mente. Mi mente se ha abierto. Yo también lo he hecho: me he convertido en una persona mucho más receptiva.

Merece la pena la falta de sueño, merece la pena el gasto en café. Merecen la pena los kilos perdidos y las dioptrías ganadas, o la vida social que pudo ser y no fue. ¡Merece la pena ir con prisas a todos lados! No tengo tiempo para pensar en otra cosa, y en ocasiones eso está bien. Sigo permitiéndome mis ratos de lectura; y si no los tengo, quito horas de sueño, que es difícil dejar los vicios. Sigo permitiéndome dibujar cuando lo necesito. Y por suerte sigo teniendo amigos, así que el balance no es negativo.   

Y sí, me queda mucho por mejorar y más por aprender, pero en ello estoy. Y no, no sé si podré vivir de esto: todavía no soy capaz de adivinar el futuro. Pero ahora sé que esto a lo que llaman periodismo es lo que yo quiero hacer. El periodismo y yo nos conocimos por casualidad, y luego él fue mi terapia, así que se lo debo. Quizás me esté quitando años de vida, pero es que también me la está dando. Ya lo dijo Bukowski: "Encuentra lo que amas y deja que te destruya"

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La necesidad de lo estable

Creo que, voluntaria o inconscientemente, toda persona busca una estabilidad, un punto fijo alrededor del que gire su complejo, completo y dinámico mundo. Pequeñas o grandes realidades que se conviertan en certezas; una garantía de que todo puede cambiar, pero 'eso' siempre va estar ahí.

Es algo que medito en mis viajes de autobús. Mi rutina puede cambiar por la mañana: puede costarme tres, cinco, diez o veinte minutos despertarme; puedo desayunar tostadas, café, cereales o leche; puedo seleccionar la ropa según unos criterios u otro; puedo, en definitiva, llevar a cabo acciones monótonas de manera cambiante.

Pero hay cosas que nunca cambian, no en el horario establecido. Como ya he dicho, es algo de lo que me he dado cuenta en el autobús: esa mujer que siempre se sube al transporte colectivo en la parada del parque Adolfo Suárez, de estatura mediana, delgada, pelo rizado y mirada profunda, que siempre, absolutamente siempre, lleva un libro, en cuya lectura se enfrasca en el trayecto. Curiosa e inexplicablemente, nunca la he visto repetir título Lo que me hace pensar que tiene que ser una mujer cultísima. Hoy, sin ir más lejos, estaba leyendo uno de Gabriel García Márquez.

Y saber que cuando llegue a la parada de Óscar Esplá, bajaré, y al subir encontraré a los chicos que esperan un autobús escolar que jamás he visto venir. Hay uno que siempre esta, un joven de pelo rubio, alto y observador. O mirón, no lo sé.

Da igual que llegue a las 07:50, a las 07:55 o a las 07:57, da igual: el primer paso de cebra que he de cruzar para llegar a la estación siempre tiene el semáforo en verde para los peatones. Nunca me tengo que detener antes de llegar al segundo cruce. Es como si alguien o algo quisiera que siguiera mi camino.

Sin embargo, durante el trayecto del autobús tenía otra estabilidad: la certeza de mirar a esa ventana y saber que estaría ahí. Ahora no, ahora tengo que mirar a otro lado.

La vida me ha quitado uno de esos puntos alrededor de los cuales gira mi complejo, completo y dinámico mundo. Y la maldigo por ello.

martes, 25 de septiembre de 2012

Autobiografías

Hoy ha sido mi segundo día en este segundo curso de grado en Periodismo, pero mi primer día en presenciar una clase de la asignatura «Historia del Periodismo».

Por motivos que no alcanzo a comprender del todo, el profesor nos ha pedido —después de presentarnos a nuestro nuevo compañero inseparable durante el primer cuatrimestre: un libro de 1200 páginas— que elaboremos una autobiografía.

A mí me encanta escribir, pero es difícil escribir sobre ti cuando tienes tanto que ocultar. Puedo escribir folios y folios sobre un tema concreto o sobre una persona que no sea yo, incluso sobre mis gustos o mi personalidad. Pero sobre mi infancia y juventud es algo que no hablo con nadie, ¿cómo pensáis que me he sentido cuando un desconocido me ha pedido que le cuente mi vida?
Evidentemente he omitido muchos detalles, y sólo he hablado sobre vivencias con escasa carga emocional: primeros años, mudanzas, cursos académicos... No obstante, me ha parecido ver que, tras su entrega, el profesor empezaba a leer mi escrito y dejaba otros por debajo para continuar leyéndolo, ¿le habrá llamado la atención, o simplemente me ha traicionado la vista?

Sin embargo, hoy me he dado cuenta de que se me antoja complicado separar las palabras del sentimiento. Aunque soy consciente de que, en el ámbito periodístico, es imposible ser del todo objetivo con determinadas noticias, creo que en cierto modo debo perfeccionar esa práctica.

La cuestión es que he salido del aula con una extraña sensación, que creo que nunca había experimentado antes. Y pensar que en algún momento, hace años, contemplé la opción de escribir una autobiografía en un futuro. No. Esos secretos sólo los comparto con mi diario.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Profesores

Es curioso elegir un título tan sencillo para escribir sobre un tema que a algunos puede resultar tan difícil de comprender. Difícil o extraño.

Si hay algo en lo que creo fervientemente es en la vocación. Esa vocación que nos lleva a estudiar una carrera determinada sin importarnos lo que piensen los demás, el futuro que podamos tener, el dinero que nos pueda faltar, lo lejos que tengamos que ir o el hambre del que nos podamos morir por la falta de salidas laborales.

La enseñanza es algo que requiere vocación. El tema de esta entrada es tan simple como eso.
Ayer comentaba con una amiga de mi carrera lo mucho que nos extraña que a la gran mayoría de nuestros compañeros de clase no les gusten las clases de uno de nuestros profesores, porque este hombre invierte en sus clases todas las ganas de enseñar que posee. Explica su asignatura con historias originales. Ejemplifica. En definitiva, vive su asignatura y hace que, consecuentemente, te sumerjas en ella. Al menos en mi opinión.
Entonces recordé que en segundo de bachiller era una de las pocas personas que adoraban las clases de lengua. Y de todas aquellas clases en las que el profesor se involucraba en su asignatura, con algo que rozaba -o alcanzaba- la pasión (Historia del arte en segundo, Filosofía en primero, Latín y matemáticas en cuarto...). Quizá también por eso odiaba las clases de matemáticas en segundo de bachillerato.
Además, los profesores tienen la dificultad añadida de que, en ciertas etapas de la vida -como puede ser la adolescencia-, además de enseñar deben educar. Es por ello que cuentan con todo mi respeto y admiración. Realmente es una profesión muy mal pagada.

Pero volviendo al tema inicial, lo cierto es que tu preferencia hacia una determinada asignatura está estrechamente condicionada a cómo el profesor imparte ésta. Es algo objetivo; lo subjetivo es tu opinión acerca de esa manera de impartirla. Lo que a mí me parece apasionante, a otro le puede parecer monótono. Y lo que a alguien le parece la razón de su vida, a mí me puede parecer un auténtico sinsentido.

sábado, 29 de octubre de 2011

El tópico de "periodista"

Un comentario muy poco acertado de mi hermana ha sido la base de la creación de esta entrada.
Mientras comíamos, puse de manifiesto lo indignante que me parecía la elección de la invitada de hoy a "la Noria", programa de la cadena Telecirco presentado por Jordi González.

Rosalía García, madre de "El Cuco", asistirá hoy ha dicho programa cobrando la friolera de 9.000 euros. Las protestas se han hecho evidentes en twitter, donde el hashtag #NoVeréLaNoria ha sido utilizado por diversos usuarios de esta red social argumentando lo injusto del hecho de que la madre de un asesino cobre 9.000 euros por alimentar el morbo de las personas y aumentar la audiencia a la cadena famosa por su característica programación.

La cuestión es que, comentando la noticia -que podéis leer completa aquí-  manifesté que me parecía penoso que Telercirco pretendiera ganar telespectadores pagando a la madre de un implicado en la muerte de Marta del Castillo. La respuesta de mi hermana fue "para que veas, eso es lo que se hace en tu carrera". Me quedé sorprendida ante semejante respuesta, que bien podía proceder de un ignorante en lo que al tema se refiere.

Cada vez me doy más cuenta de lo difícil que es luchar contra los prejuicios y de lo fácil que es atribuir a toda persona que pertenezca a un determinado grupo unas características que compartan y que sean inamovibles. Con esto quiero decir que, según mi hermana y una oleada de gente más que pensará como ella, yo, por querer dedicarme en un futuro al periodismo, tengo que dedicarme a la prensa rosa. Y esto me hace recordar que, antes de empezar mi primer curso universitario, cuando alguien me preguntaba "¿qué vas a estudiar?" y contestaba "periodismo", el 65% decía "ah, para trabajar en Sálvame"; el 25% "mira, como Sara Carbonero" y el 10% restante "te vas a morir de hambre" (comentario que por cierto, aunque el más brusco, me parece el más acertado).

Lo que quiero decir con todo esto es que, aunque la prensa que venda hoy en día sea la que alimenta el morbo de la audiencia, de los espectadores o de los lectores, y por increíble que le parezca a algunas personas, hay periodistas o proyectos de periodistas que pretendemos luchar contra este tópico y hacer ver al mundo que no todos superponemos el ansia de dinero, fama o renombre a los ideales que, más o menos acertados, poseemos. Algunos queremos, simplemente, llevar a cabo un periodismo honesto mínimamente con nosotros mismos y que no nos avergüence. Porque si yo fuera alguno de los periodistas que hoy en día se lucran por vender esto que llaman entretenimiento, se me caería la cara de vergüenza.

Bienvenidos

Estudio periodismo. Es por ello que mis profesores me han aconsejado fervientemente la creación de este blog. O incluso podría decir que me han obligado. También me han aconsejado que vincule mis otros sitios (blogs, tumblr...) en los que comparta mis gustos o inquietudes. En unos años tengo que conseguir que al poner mi nombre en google, el primer enlace sea este blog.

Lo cierto es que no es el único que poseo; no soy nueva moviéndome en este territorio y tengo dos -que en realidad podrían comprimirse en uno- más. Pero se tratan de blogs personales en los cuales expongo mis pensamientos; es más literario que periodístico. Me explico: considero que literatura y periodismo (como nos han enseñado en el seminario realizado esta semana en mi Universidad) pueden ir íntimamente ligados, pero que mi otro blog no solía tratar temas de la actualidad ni muchísimo menos.

No sabía qué nombre escoger para el blog. Así que elegí dos sustantivos que, a mi juicio, escasean en la sociedad en la que vivimos y que es completamente necesario que un buen periodista -aunque en general, un buen profesional- posea. La capacidad para valorar las ideas y formar un criterio, y, que a su vez, esas ideas hayan sido valoradas con coherencia es algo hoy en día admirable. Es muy probable que cuando se me ocurra un título mejor lo modifique.

Nunca me ha gustado enseñar mis escritos, pero si quiero dedicarme a esto en un futuro tengo que acostumbrarme a ello. Sé que tengo mucho que mejorar en lo que a la redacción se refiere, pero por eso estoy aquí. Cualquier crítica constructiva que me queráis dar será agradecida y bien recibida.

Tras esta presentación, diré que estaré por aquí siempre que mi tiempo me lo permita e iré publicando artículos de opinión o cualquier cosa que creo que merezca la pena publicar.

Un saludo.